doce tesis sobre la política
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lescencia del hombre,
que trata de la «devastación del hombre» y
«del alma en la época de la segunda revolución industrial». Ve al
hombre superado por la técnica: «[…] no resultaría imposible
que
nosotros,
que producimos estos productos, estemos a punto
de establecer un mundo, cuyo paso no somos capaces de seguir, y
“aprehenderlo” supera absolutamente la capacidad de comprender
[…]» (pág. 32; cursivas originales). Anders es demasiado pesimista
y se expresa de manera demasiado efectista, pero hay cosas que no
se pueden negar, como que las personas no estamos hechas para
aguantar el ritmo (de viajes, de cambios sociales y personales)
que las máquinas y la tecnología imprimen a la vida; la técnica
desborda al hombre. El creciente tratamiento de las actuaciones
humanas libres por máquinas informatizadas no es una noticia
muy humanística.
e) Posición en el derecho. La postmodernidad ha resultado
negativa para el hombre (y para el derecho, aunque no en todo).
Como escribe Carty, «si el derecho moderno es el derecho sin
Dios, el postmoderno es el derecho sin el hombre» (Carty
et alii,
texto de cubierta). Carty dice eso por el impacto del pensamiento
postmoderno (Foucault, Derrida, Lyotard y Baudrillard) en el
derecho, que es muy negativo, sobre todo para el concepto de
derecho de la Ilustración y la modernidad. En nuestra realidad, no
se trata tanto del impacto de unos pensadores que siguen siendo
minoritarios como del cambio en el derecho real, vivido. No es
que a la puerta del ordenamiento jurídico se haya colocado un
ángel exterminador expulsando al ser humano, o borrando de los
instrumentos jurídicos las referencias al hombre, como algunos
han intentado hacer con Dios. Es que en el derecho cada vez el
hombre ordinario tiene menos papel.
Así —por ejemplo— los nuevos derechos, como los de la
personalidad, no pueden ser ejercitados sin la actuación estatal,
la cual indirectamente refuerzan. La imagen del hombre reflejada




