Introducción
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alababa expresamente la política eugenésica de los nazis; y no eran
los únicos americanos influyentes que pensaban así
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.
c) Posición del hombre ante los animales. La especie huma‑
na últimamente parece verse a sí misma como una especie más,
y está dedicada a una suerte de «meaculpismo». Los animales
tienen cada vez más presencia política y jurídica, con lo cual, por
antropocéntrica que se siga proclamando la retórica oficial, el
hombre está bajando al hombre del trono de rey de la Creación.
Unas corrientes, de momento minoritarias pero con apreciable
presencia en los medios de comunicación, no cesan de erosio‑
nar la posición del hombre respecto a los animales; y, como ya
advertimos, quienes erosionan el antropocentrismo son pensa‑
dores supuestamente progresistas que están en las vanguardias
intelectuales: por mencionar algunos aparte del citado Hawking,
Macklin y Pinker (la dignidad humana es una estupidez y es inútil),
Lovelock y los defensores de la Hipótesis Gaia (la biosfera es un
único organismo, del que los hombres somos meras células), Peter
Singer (el infanticidio de ciertos discapacitados debe admitirse),
el Proyecto Grandes Simios y otros desarrollos comparables. Aún
no se han apagado los ecos de la lucha ilustrada por expulsar a
Dios del centro político‑jurídico terrenal (donde, en realidad,
los medievales no lo colocaban), así como del centro del cosmos
(donde lo colocaban y colocan los monoteísmos), y parece como si
estuviéramos ya en otra lucha, ahora por expulsar de esos centros
al hombre. Es imposible que eso no repercuta en la política.
d) Posición frente a las máquinas y la tecnología. En 1956,
adelantándose a su tiempo, Gunther Anders escribió un libro raro,
inquietante y penetrante (y algo exagerado), titulado
La Obso‑
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Ver, en general, Edwin Black, «The Horrifying American Roots of Nazi
Eugenics»,
History News Network
, sept. 2003, y los libros de ese autor allí
mencionados. Consultado el 4‑VI‑2015.




