doce tesis sobre la política
24
ser claramente condenadas por las confesiones protestantes de esos
países. En los años veinte, Suecia, Noruega y Dinamarca aprobaron
leyes eugenésicas, bajo las cuales se practicaron decenas de miles
de esterilizaciones forzosas.
Galton y los eugenicistas profesaban abiertamente la des‑
igualdad (p. ej., entre razas; así, defendía que África fuese para los
chinos, por ser, según él, superiores a los africanos), daban por
supuesta la superioridad de los blancos (y, dentro de ellos, de los
anglosajones), cosa que venía muy bien al colonialismo; y además
creían en «mejorar» fisiológicamente a las personas. Nietzsche, por
su parte, decía que el cuerpo humano debía ser superado; uno se
pregunta si tal vez no le influiría el hecho de ser él enclenque y
enfermizo. En el fondo, la filosofía de la base de la eugenesia era
anterior al nazismo y estaba lejos de ser monopolio de él, por lo
que no fue derrotada militarmente en 1945. Por eso, tras resucitar
temporalmente el derecho natural hacia mediados del siglo XX
(Radbruch y otros), vuelve por sus fueros, ahora de la mano de
los progresistas europeos y
liberals
americanos: eutanasia, aborto
eugenésico, y últimamente, eutanasia infantil (Holanda; Bélgica
2014).
Podemos buscar un paralelismo, aunque de alcance más
limitado: cuando en 1989 cayó el comunismo, no cayó con él la
filosofía materialista y economicista, porque su fondo también
estaba en la base del capitalismo; de hecho, la densidad de materia‑
lismo general (suponiendo que eso se pueda medir) parece haber
aumentado en la sociedad. Huelga decir que en casos como Suecia
los eugenicistas estaban en el mismo barco que la socialdemocracia
y el estado de bienestar, y pensaban prestar un gran servicio a la
sociedad. Margaret Sanger, fundadora de Planned Parenthood,
era miembro de la American Eugenics Society, y Leon F. Whitney




