Introducción
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tantos parlamentos y constituciones por el mundo—. Platón, en
cambio, nos dejó un sistema teórico de la mayor envergadura, pero
no parece haber captado del todo bien la esencia de la política.
Hablando en general puede decirse que los que han tenido mayor
éxito en esta búsqueda han sido autores con un enfoque realista,
o que han tenido la oportunidad de practicar la política siendo,
al mismo tiempo, personas cultivadas; o de observarla de cerca,
o de todo a la vez.
En la difícil empresa de responder a la pregunta que abre es‑
tas líneas parece que sólo tendría razonables posibilidades de éxito
quien reuniera la poderosa mente de Platón con la perspicacia, el
sentido común y la experiencia de Burke. Pero el fundado temor
de no cumplir tales requisitos no nos exime de la tarea, típica de
la profesión universitaria, de responder a una
quaestio,
aunque
sea tan
vexata
y demostradamente ardua como la que nos ocupa.
Como verá el lector, la idea de política que aquí aparece
sigue por lo general a Aristóteles y Locke (aunque no sólo a ellos),
y siempre al sentido común. No sigue a la vieja escuela de la
Real‑
politik
alemana ni tampoco a las modernas citadas en el prólo‑
go. Nos hemos apartado también de los enfoques cratocéntricos,
«conflicto‑céntricos» (si se puede hablar así) y territorialistas, no
porque no exista poder, conflictos y territorio, sino para ponerlos
en su lugar, que no es el del centro único.
Cambios en el terreno de juego y los jugadores
El cambio antropológico
Desde aproximadamente la antigüedad clásica hasta bien avanzado
el siglo XX la antropología occidental ha variado relativamente
poco. Por eso leemos a los clásicos griegos y romanos como si
escribieran para nosotros. Por eso Platón, Aristóteles y Cicerón




