Background Image
Previous Page  7 / 18 Next Page
Information
Show Menu
Previous Page 7 / 18 Next Page
Page Background

3

En la lucha contra el cáncer, para seguir el tren de la enfermedad, es necesario

una y otra vez investigar e innovar, aprender y desaprender estrategias basadas

en la experiencia y los conocimientos de clínicos y científicos. La búsqueda de

una cura en muchas ocasiones nos lleva a un extraño viaje, a través de un paisaje

dónde la desolación y la desesperación superan todo lo que uno pueda imaginar,

empujando algunas veces a los responsables sanitarios a tomar ilusorios “atajos”

que no hacen más que retrasar la consecución del objetivo, encontrar la curación

de esta patología. O, al menos y transitoriamente, mientras no se alcanza el obje-

tivo anterior, erradicar su característica de enfermedad mortal. El rigor científico

y la estrecha colaboración entre los clínicos y los científicos son el único camino

seguro hacía una cada vez menos lejana solución. La irrupción de las tecnologías

de la información y las comunicaciones en todos los aspectos de nuestras vidas,

incluida por supuesto la praxis asistencial y científica, ha incrementado muy sus-

tancialmente las posibilidades de llegar a buen puerto.

La etiología del cáncer ha pasado por la designación de múltiples y muy di-

versos “culpables” a lo largo de la historia. Desde la concepción mágico-animista

de las primeras culturas que lo identificaron como tal, sobre todo la egipcia en el

Papiro de Imhotep (2500 a C), hasta la más actual representada por mutaciones

causadas por múltiples factores genético-ambientales que incluyen la herencia y

el ambiente, contemplado en su extensión más amplia: exposición a agentes quí-

micos, físicos, biológicos, psicosomáticos, hábitos tóxicos y alimentarios,…en fin,

todo aquello que sea capaz de alterar el orden genético y de producir una infla-

mación crónica de alguna parte de nuestra economía. Últimamente, todo esto se

está contemplando como alteraciones organizadas en lo que Vogelstein, desde el

hospital John Hopkins, denominó “vías clave del cáncer”, que son las vías mutadas

“conductoras” en las células cancerosas, siendo necesarias una media de 13 vías

desreguladas para que la célula se vuelva cancerosa. Dichas vías suelen ser espe-

cíficas para cada tipo de cáncer. De cualquier forma, debido a que los genomas

del cáncer son todos únicos, el cáncer que puede tener cada uno de los pacientes

también resulta único, toda vez que el hecho de ser fisiológicamente heterogéneos

viene provocado por ser genéticamente heterogéneos.

George Papanicolaou, Oser y Auerbach fueron capaces, hace ya 50 años, de

intuir que el cáncer no surge directamente de una célula normal, sino que esta va

pasando por diferentes estados y circunstancias hasta convertirse en célula can-

cerosa. Más adelante, en 1988, Vogelstein sugiere en el

New England Journal of

Prólogo

Pilar Farjas

Secretaria General de Sanidad y Consumo